De playa en Koh Lanta

Moverse de un lugar a otro ya no es tan fácil como antes. Después de doce horas de viaje con dos escalas, tres combis, cada cual más chica que la anterior y dos ferris para autos llegamos a la isla de Koh Lanta. La elección por esta isla y no otra, después de mucho averiguar, se basó en el equilibrio entre lindas playas y ambiente relajado. Las hay más lindas y muy mucho (...)
más turísticas, fiesteras y exageradamente más caras también gracias a los monstruosos resorts que, a mi parecer, le roban todo el encanto a las playas.
Koh Phi Phi es un ejemplo de eso por la famosa fiesta de la luna llena donde miles y miles de personas se desquician durante una noche, según dicen, porque no viví la experiencia.
Ya de noche y fieles a nuestra nueva filosofía de no reservar hospedaje, conseguimos pasar una noche en un guesthouse por no mucha plata. A la mañana tocaría salir a buscar otro. 
Después de dedicar un rato a pasear por el centro de Villa Gesell, digo, de Saladan, volvimos a tomar una cerveza en la terraza sobre el mar del restaurante del hospedaje. La noche estaba muy agradable y tranquila, con la temperatura ideal como para andar en pollera y musculosa sin sentir ni frío ni calor. El restaurante estaba vacío excepto por un solitario pescador, las luces eran tenues de un tono anaranjado. Estábamos cansados y sentarnos en una mesa baja en ese contexto era todo lo que podíamos pedir (Quizás si la música hubiera sido otra que Norah Jones...)




Pero un malentendido casi nos deja en la calle a las once de la noche. A la hora de pagar nos quisieron cobrar otro precio que el que nos habían dicho, cuando se lo dijimos al hombre, presuntamente oriundo de China, nos gritó mentirosos, nos tiró el menú en la cara vociferando que ahí estaba el precio (aunque no lo estaba) y devolviéndonos la plata que pagamos por la noche nos instó, no amablemente, a abandonar el establecimiento a cambio de no llamar a la policía. Perdón la expresión : un loco de mierda. Sabiendo que no teníamos chances de conseguir otro lugar para dormir le dejamos en claro que no pensábamos irnos y que nos iba a cobrar la cerveza como correspondía. Aunque nada de todo esto fue en un buen tono y hasta nos acusó de haber desarmado su menú al tiempo que lo golpeaba contra el mostrador. "Buenas noches" Lo dejamos con su infelicidad y nos fuimos a dormir. En definitiva fue la reacción de un loco desquiciado, pero el nudo en la garganta por la sorpresa del mal momento duraron un rato. Como si fuera poco, había que discutir en un idioma que no es el propio...
A primera hora nos tomamos un tuk tuk (moto con carrito para cuatro personas acoplado que hace las veces de taxi) y nos mudamos a la zona hippie de la isla : Long Beach. Desde la ruta principal de la isla, salen los accesos que llevan a pequeños centritos y su respectiva playa. Aunque estés a dos cuadras de la calle, no se siente el movimiento y casi no hace falta salir de las calles irregulares de tierra y arena. Tenés tu hospedaje, tenés restaurantes, tenés un minimercado, agentes de turismo y, lo más importante, la playa.
Lo primero que encontramos fue el hostel más hippie de la zona, como una comunidad entre sucia y abandonada manejada por una sola persona que se lo ve más de joda que manejando el lugar y donde no existe el espacio privado, definitivamente cerrar una cortina no es sinónimo de privacidad.
Casi lo hubiéramos podido soportar, si no fuera por el bar de música electrónica a veinte metros o el adolescente vomitando desde el piso de arriba abierto hacia afuera, a las seis de la mañana. Demasiado, incluso para un mochilero.
Por muy poco más, conseguimos un bungalow de paja, con hamaca paraguaya al frente y baño privado con inodoro sobre tarima de caracoles y ranitas naranjas de visita por las noches. Un lujo por solo 300 Baht (US$ 10). También estaba incluido escuchar Bob Marley las 24 horas del día ¿Ya dije que el ambiente general era bastante hippie no? Pero al menos el staff era muy amable y servicial. Especialmente cuando durante la noche un objeto no identificado hizo un burako en el techo de paja de nuestro baño y amanecimos con los restos desparramados por el piso dejándolo inutilizable, a la hora de la siesta ya estaba limpio y arreglado. Mágico.




Aparte de cambiar de hospedaje repetidamente, los días en Koh Lanta fueron básicamente de playa, relax y exploración de la isla en scooter. El arena es bastante suave y blanca, el agua verde translúcida (no cristalina), la temperatura ideal para refrescar sin tiritar e ideal para hacer la plancha o andar en colchoneta. Atrás: barcitos, restaurantes y centros de masajes hechos con estructuras de madera, bamboo y paja. Algunos con pequeñas terracitas para alquilar con dos colchonetas y una mesita, al mejor estilo romano. A la noche arman las mesas directamente sobre la playa con antorchas y luces de colores. Aunque, casi siempre fue decorativo para nosotros porque todas nuestras comidas, desde el desayuno hasta la cena, las hicimos en un puestito con tres mesas, atendido por una pareja tailandesa musulmana, en la esquina del hostel. Los dos estaban ahí todos los días trabajando de siete de la mañana a diez de la noche y siempre, siempre, sonrientes, admirables.
Para despedirnos, fuimos a ver el atardecer a la playa. Mientras tomábamos una cerveza fresca vimos como el sol formaba un circulo perfecto de color naranja flúor y se perdía atrás del horizonte. Y me quedé pensando: ¿En Argentina sale, o se pone en el mar? 



1 comentario:

  1. que lindo relato, linda vida, loco de mierda el chino pobrecito. Mery el sol sale por el este en todas partes del mundo, por lo que en Argentina ( que aun está en el mundo)el sol sale por el este y en la costa al este está el mar. Entendiste?????El sol sale desde el mar. " nos quedamos a ver salir el sol en la playa ....
    " te suena?

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