La gente nos dijo, nos advirtió, que en Kuala Lumpur no pasaba nada durante el Año Nuevo Chino (ANC). Y tampoco nos inspiraba mucho venir, como nos suele pasar con las grandes ciudades, pero pasábamos por la puerta, al menos había que entrar y ver de qué se trataba. La llegada no fue del todo triunfal y nos hizo creer que la ciudad no nos quería ahí. El colectivo (...)
llegó con retraso a la terminal, el tren rápido al centro se nos fue por un minuto y el siguiente vino veintiseis minutos después, en la escala al segundo tren tuvimos que hacer una fila de media hora para conseguir el boleto (figurate Retiro a las seis de la tarde) para que el tren nos cierre la puerta en las narices, una vez llegados al hostel, subidas las escaleras con mochilas a cuestas, no tuvieron la habitación con ventana que reservamos y nos derivaron a otro hostel a unas cuadras, bajar escaleras, otra vez escaleras arribas y hecho el check in entramos triunfantes a nuestra habitación... que no estaba lista, después de discutir un rato ya con poca paciencia, la limpiaron, nos hicieron descuento y, siendo las seis de la tarde, empezamos nuestro día.
llegó con retraso a la terminal, el tren rápido al centro se nos fue por un minuto y el siguiente vino veintiseis minutos después, en la escala al segundo tren tuvimos que hacer una fila de media hora para conseguir el boleto (figurate Retiro a las seis de la tarde) para que el tren nos cierre la puerta en las narices, una vez llegados al hostel, subidas las escaleras con mochilas a cuestas, no tuvieron la habitación con ventana que reservamos y nos derivaron a otro hostel a unas cuadras, bajar escaleras, otra vez escaleras arribas y hecho el check in entramos triunfantes a nuestra habitación... que no estaba lista, después de discutir un rato ya con poca paciencia, la limpiaron, nos hicieron descuento y, siendo las seis de la tarde, empezamos nuestro día.
"Bienvenidos a Kuala Lumpur"
Caminando sus calles no pude evitar pensar en Buenos Aires, y no fue precisamente por su belleza. Debe haber favorecido el estar hospedados en el centro de la pomada, con los pros y los contras que eso implica. Dicen que durante el ANC es la única época en que no hay tráfico en KL, no quiero imaginarme lo que es durante el resto del año.
Al contrario que en Nueva Zelanda, acá la gente sí hace uso de la bocina y sin restricciones (Buenos Aires). Las calles están atestadas de gente que camina chocandose los hombros sin pedir disculpas (Buenos Aires). Los colectivos no son última generación e irradian olas de calor que te desintegran si pasás lo suficientemente cerca, según cuenta la leyenda (Buenos Aires). Ni autos, ni motos ni peatones respetan los semáforos (Buenos Aires). Las calles están sucias y la gente las sigue ensuciando con total impunidad (Buenos Aires).
Pero, esperen un minuto, Kuala Lumpur no es Buenos Aires. A Kuala Lumpur no la dejé hace un año con todas mis cosas, mi familia, mis amigos, su carne y sus achuras, los mates, sus bares, el fernet, oh, el fernet. En Buenos Aires aprendí todo lo que se y me hice quien soy, acá aprendo y pruebo todo lo que allá no puedo.
KL me hizo querer saber más sobre el Islam, después de visitar el Museo de Arte Islámico y ver las maquetas con todo detalle de las mezquitas más importantes del mundo, los revólveres y las dagas antiguas, las coronas y las pecheras de piedras preciosas... ahí adentro deseé acordarme algo de Historia del Arte. Si mi profesora de la facultad estuviera muerta se revolcaría en su tumba.
Otro poco lo aprendimos con túnica puesta en la Mezquita Nacional donde una chica musulmana nos leyó y tradujo un fragmento del Corán. Todos los musulmanes empiezan a estudiarlo en árabe desde chicos e incluso llegan a aprenderlo de memoria, aunque no sean capaces de mantener una charla en árabe. Los aplaudo.
Con los que más simpatizamos, sin embargo, fue con los hindúes. En unas inmensas cuevas (Batu Caves) a veinte minutos de KL desarrollaron templos y altares donde se congregan muchos miles de hindúes. Pero no solo van a rezar, pareciera que ir al templo es como un día de paseo y arman pequeños círculos y hacen picnics, o charlan o descansan dentro del mismísimo templo. Todo un shock, pero al mismo tiempo se da todo muy armoniosamente dentro del ruido general.
En las cuevas un monje simpatizó con nosotros y nos regaló flores y nos pintó el típico punto de pigmento rojo en la frente, creo que porque creyó que era india, otra nacionalidad más con la que me confunden, dudo de mi argentinidad.
La otra atracción, si no la primera, dentro de las cuevas, son los monos que hacen su show comiendo la comida que la gente les ofrece, trepan a los saltos las rocas y se pelean entre ellos, muy simpáticos, aunque ante la duda yo mantengo una distancia prudencial porque saben ser violentos y no tengo la vacuna contra la rabia.
Es cierto que en KL no hay mucho más para hacer pero no se puede venir acá sin ver las Torres Petronas del Arq argentino Pelli. Dos brutas torres gemelas donde la gracia es subir al piso 86 para apreciar la vista panorámica de la ciudad, lo cual cuesta RM 80 (US$ 27) y una fila antes de las siete de la mañana para conseguir lugar. No, gracias, se ven muy lindas desde afuera.
Aunque el Año Nuevo Chino es una fiesta para pasar en familia y la gente de KL se va a sus ciudades natales a hacer lo propio, alguien tenía que quedar para hacer la fiesta y entrener a los turistas, y qué mejos que el barrio chino para encontrarla? Cinco leones de colores con cabezas luminosas hechos bailar por dos personas cada uno al ritmo de un gong, un tambor y platillos, hicieron el baile del león. Satisfechos con el espectáculo nos volvimos al hostel a preparar las mochilas para seguir nuestro camino rumbo a Cameron Higlands.
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