Los tuk-tuk's y yo en Bangkok

Quería que me guste Bangkok, todo un desafío cuando se trata de encontrarle el encanto a una ciudad presuntamente caótica.
Intento ver lo que otros no logran, me esfuerzo en no sentir el calor agobiante, suma del clima y de los autos. Me concentro en disfrutar lo que Bangkok tiene para ofrecerme.



En ese camino me fascino con el Gran Palacio. Con la majestuosidad que logran con su arquitectura y el trabajo decorativo. Te dejan con la boca abierta, y te hacen sentir tan chiquito. Lo pienso como el equivalente al arte árabe pero de mano de los buddhistas. Edificios enteros cubiertos de incrustaciones de cerámicas partidas o venecitas doradas, del piso a la punta del techo. Te dan ganas de quedarte horas sentado admirando lo que cada rincón tiene para ofrecer. Si no son los motivos, son los colores, o las formas del techo, o las estatuas gigantes. 
Amo las religiones por las maravillas que inspiran. 



El  conflicto interior empieza cuando a la salida, advierten a los turistas, con carteles y altoparlantes, que no confíen en los conductores de tuk tuk porque te van a estafar. Y todo lo maravillado que salís, se transforma en desconfianza. 
No hay forma de distinguir a los honestos de los tramposos.
Como visitante hay que estar siempre atento a los sobreprecios y pactar los valores antes de consumir. Incluso así, podés salir perdiendo. 


Por no poca plata, conseguimos un taxi que nos lleve a la Embajada de Camboya para sacar la visa de turista. Se dice que en la frontera tienden a cobrarte de más sin explicación. Llenando el formulario nos dimos cuenta de la trampa: "¿Motivo de visita a Myanmar?" Estábamos en la embajada equivocada en la otra punta de la ciudad. Con la bronca en la garganta y el apuro por la hora, tomamos un tuk tuk para ir a la Embajada correcta. Diez minutos después se dió cuenta que era muy lejos, y dejándonos en el camino nos aconsejó tomar un taxi. La ira brotó por todos mis poros por la impotencia de no poder escapar al rótulo de "turista" fácil de engañar. Después de unos cuantos improperios sin miramientos, nos dimos por vencidos. Decidimos correr el riesgo a que nos cobren de más en la frontera.
El siguiente tuk tuk que me ofreció llevarme, entendió rapidamente que le convenía no insistir y dió marcha atrás.
Entiendo que acá los precios se discuten. Si te ofrecen una remera a 200 Baht, tenés que ofrecer 100. Pero cuando se extiende a cada paso que das y a cosas tan sencillas como moverte, es desgastante. Solo queda confiar en descubrir el colectivo que te lleva, que no haya cambiado de parada y que llegue pronto.
Sospecho que Bangkok, como muchas otras ciudades, necesitas conocerla y entenderla. No lo logré en unos cuantos días. Pero pienso en Buenos Aires y se que se puede.
Así y  todo, después de algunos tropiezos, seguimos caminando. Hubo templos, y quedaron otro sin visitar. Hubo shopping. Hubo refrescantes mojito y luna llena.
La calle de nuestro hotel es casi peatonal y a los restuarantes instalados sobre la calle, se suman barcitos cuando cae la noche. Frente al hotel, una travesti de buena presencia maneja Gipsy Lips sobre una camioneta que parece no haber arrancado en mucho tiempo. Bares similares sumado a puestos de ropa y comida se agrupan alrededor de la manzana creando un ambiente muy agradable cuando el calor del sol ya no agobia. Una calle más allá, el ambiente se torna más ruidoso y multitudinario a lo largo de Khao San Road. Los puestos se multiplican, y vemos las mismas remeras una y otra vez, junto con credenciales falsas, escorpiones asados y bares con decenas de mesas en la calle, y música a todo volumen completando la escena. Tres cuadras para obviar si estás apurado.
Aunque yo no pude evitar sentirme atraída por el movimiento y caminar mirando con ojos curiosos, el espectáculo. 


Unos kilómetros más allá, aparecen las luces de neón, las polleras cortas y el horario de protección al menor: Soi Cowboy, la zona roja de Bangkok. Dos cuadras de cabarets uno al lado de otro, todo luces fluorescentes de colores, mesas en la calle hecha peatonal y grupos de chicas o travestis, cada cual con la vestimenta característica de su bar, tratando de atraer a los hombres solos adentro. 
Un espectáculo para hombres, y mujeres que nos acercamos curiosas.  


Al final entendimos que teníamos todo lo que necesitabamos en la tranquilidad de nuestra calle, donde dormimos y comimos, por barato y rico como de costumbre.

6 comentarios:

  1. Hola Meri, me llevastes nuevamente a Bangkok y comprendo totalmente las experiencias que han tenido porque yo las vivi tambien. La maravilla y la frustracion, el agobio, los olores (no te parece que esta llenisimo de olores, no siempre muy agradables), pero es un lugar fascinante y dificil (para mi lo fue). Me encanto compartir con ustedes! y como siempre, me encantaron las fotos y tu relato. besos para los dos. Jaqueline

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  2. Hola Merita, q lindo leerte, q lindo sentir un poco tu viaje al cerrar los ojos y recordar tu relato. Te quiero y extraño :-)

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  3. Que Maravilla de relato y de viaje. Son unos genios!!!!!!!!!
    Besos enormes a los dos
    Santi.

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  4. tus relatos y fotos van a dar que hablar, estan geniales, me hacen sentir el viaje, el calor, la humedad, la maravilla, el silencio, tus relatos producen sensaciones.

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  5. mery mia!
    que emocion leer de Usd.
    y que maravilla de viaje..
    hablamos pronto porfi!
    te quiero y manda besos a oliva!

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