Desde el primer momento simpaticé con Penang. No sabría decir por qué exactamente, porque es una ciudad con todas las de la ley, con tráfico y bocinas, pero al mismo tiempo da la sensación de poder escaparte del caos y sumergirte en sus calles angostas y encontrar tesoros escondidos. Así descubrimos: templos; obras de street art, (...)
cosa que hasta ahora brillaba por su ausencia, de hecho, hay un artista en particular que hizo varias pinturas acá mismo y se convirtió en un atractivo turístico donde la gente se amontona en la esquina para sacarse fotos con su pintura;
un patio de comidas, pero no como lo que supimos conocer en otras ciudades, este era mucho más pro, con muchas luces decorativas, música en vivo, cocina gourmet, pudimos salirnos del arroz de cada día y probar un cubo de pan tostado relleno de gambas en salsa de queso y sour cream (aparentemente en español se dice crema agria, pero no suena muy tentador), que fue una delicia; también de casualidad nos encontramos con gente haciendo cola en un puestito de una calle de poco tránsito, nos acercamos de curiosos a lo que resultó ser el ice kacang más famoso de Penang, tuvimos que probar. Hielo triturado con porotos rojos, fideos de verdura, choclo, leche de coco y salsa que bien podría ser de chocolate como de carne, fue lo recibimos. Así como suena, era bastante menos feo de lo que esperamos y hasta nos atrevimos a probar la segunda versión, pero la tendencia a comer cosas gomosas prácticamente indescriptibles de esta gente, nos hizo mirar desconfiados nuestro bowl. La cabeza puede ser traicionera y ante una masa negra homogénea, brillante y gomosa, retrocedemos. Hasta los porotos con leche de coco llego, pero no me pidan que cabecee. cosa que hasta ahora brillaba por su ausencia, de hecho, hay un artista en particular que hizo varias pinturas acá mismo y se convirtió en un atractivo turístico donde la gente se amontona en la esquina para sacarse fotos con su pintura;
Ya que estamos en el tema gastronómico, no puedo dejar pasar lo difícil que se hace a veces salirse del arroz, de los noodles y del picante de los indios. En cuanto veo un puesto o restaurante de comida india con sus patas de pollo rojas, arroz rojo, carne roja, todo rojo de picante en la vitrina, salgo corriendo lo más cerca de la comida china que pueda. No les creo cuando dicen "not sou spaici", lo que para ellos es ATP, para mi son tres litros de agua mínimo. Como excusa por mi cobardía, alego que el picante saca el hambre y yo no puedo darme el lujo de comer una pata de pollo y estar llena. Ya conocimos varias personas que bajaron radicalmente de peso en Asia, y lo que para algunos pueda ser positivo, para mí no lo es. Así que: no al picante! Por mi salud...
Pero acá encontramos un abanico más grande de posibilidades, incluyendo pizza. De tanto en tanto hace falta algo occidental.... aunque se salga fuertemente del presupuesto diario permitido en comida. Hicimos de cuenta que festejabamos San Valentín y nos fuimos a comer pizza con vino.
En Asia, hasta donde llegamos a ver, es muy común y barato el alquiler de motos, así que nosotros hicimos lo propio una vez más y salimos a recorrer la isla, porque, sí, Penang es una isla aunque esté unida al continente por un inmenso puente. La meta principal era el templo buddhista de Kek Lok Si, el más grande del sudeste asiático. Es inmenso, el Disney de los templos le dicen, y no está tan lejos de eso. Nosotros fuimos de día pero al parecer de noche prenden miles de lucecitas por todos lados, más todavía durante los días de celebración del Año Nuevo Chino, y quedó bastante comprobado al ver esculturas de animales totalmente enrolladas con cables de luces. Pero no solo las luces, si no, también la monumental estatua de la diosa de la merced, el laberinto de escaleras que te llevan de un templo a otro donde hacen honor a diferentes dioses, una pagoda desde donde se puede apreciar la continuación de techos de teja naranja de los diferentes halls, y no hay que olvidar los negocios dentro del templo vendiendo desde figuras de colores de buddha hasta relojes de Angry Birds. Todo un show.
Ya que estábamos en moto, aprovechamos para recorrer el resto de la isla, aunque ciertamente en el mapa parecía todo mucho más cerca. El camino fueron principalmente kilómetros de nada, pero era divertido andar en moto... hasta que se largó a llover y nos tuvimos que refugiar durante una hora en un puesto de frutas en desuso al costado de la ruta, acompañados de perros y gallinas.
En cuanto paró, fuimos derecho a nuestra primer playa asiática a mojar los pies en agua tibia y sin olas, como me gusta a mí. Esta playa (Batu Ferringhi) se caracteriza por la oferta de actividades acuáticas: parasailing, motos de agua, la clásica banana, etc. Y los resorts que copan los accesos a la playa.
Agradecemos habernos hospedado en Georgetown, aunque no tenga playa.

Grosa mi Amiga! Me encanta! No al picante Marriet! Love u <3
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