Entre pitos y flautas, hoy arrancamos un poco tarde a nuestra rutina de turismo. Teníamos un largo itinerario que recorrer y unas cuantas horas que resultaron no ser suficientes.
Fuimos al museo de arte contemporáneo y para nuestra sorpresa, nos encontramos con cosas bastante interesantes. (...)
Caminamos bastante por el centro de la ciudad. Descubrimos la versión singapuriense de "El Convento" de Reconquista, donde tuvimos nuestra primera cita, aunque este con unas dosis más de lujo. Con una barra en medio del patio y unos cuantos occidentales tomando jugos de colores con sombrillitas, palmeras altas, joyerías y locales exclusivos en las galerías de tres pisos, todo blanco Ala adornado por arañas doradas colgadas del techo. Una vez más, bastante lejos de nuestro interés.
La siguiente parte vino llena de frustración al tratar de encontrar el City Hall que resultó ser ese edificio de una manzana en total reconstrucción para la futura Galería Nacional de Arte, que rodeamos dos veces mientras nos caía la gota gorda por todos lados sin dejarnos respirar. Para completar, el tiempo apremiaba y no íbamos a poder terminar el recorrido antes de encontrarnos con Tim y May para cenar a las seis de la tarde (!) Después de recuperar la temperatura corporal en el lobby de un museo, partimos a su encuentro y dejamos la vuelta por el río para la noche, romantic style.
Los muchachos llegaron media hora tarde, y nosotros veinte minutos temprano... pero la cena casi que valió la espera.
Nos deleitamos con gambas al limón, cangrejo al verdeo, pescado en un restaurante al lado del mar, medio costanera porteña pero sin los puestos de bondiola (ooh, bondiola). El lugar tenía cientos de mesas y siguieron agregando más y más mientras estuvimos ahí, seguro que hacen unos cuántos cubiertos más que en La Porteña... en medio del gran movimiento que la sola presencia de la gente hacía, los mozos se gritaban en chino o malai o algún otro idioma oriental e iban y venían de un lado a otro sirviendo y acomodando a más y más gente. De fondo y dejando el ruido en modo "ambiente", teníamos la vista panorámica de cientos de barcos anclados a un par de kms de la orilla. En general inmensos barcos comerciales que se desparramaban cubriendo una gran cantidad de kms a lo largo (la panorámica que intenté sacar me costó once fotos)
Cuando empezó a oscurecer y las luces de los barcos se fueron prendiendo, sin dudas era una vista impecable.
Con la panza llena y el corazón contento, volvimos al centro a terminar lo que habíamos dejado inconcluso: el paseo por el canal.
Singapur tiene tres torres monstruosas (entre otras tantas) unidas en la cima por una gran plataforma alargada que recuerda a un barco. Por supuesto la vista desde ahí es increíble y la cerveza que ofrecen en el bar de la cima a un precio increíble también (suponemos, porque ni intentamos subir). De afuera es bastante llamativo todo el conjunto y un icono de Singapur, sin duda. Pero de adentro: una trampa mortal!
Inocentemente bajamos del subte para ir al canal y caímos, sin querer, en las garras de este monstruo del consumo. Un gran hotel/shopping con tantas luces que podrían igualar la luz del sol. Un gran centro comercial con marcas exclusivas (otra vez: en las que no podríamos estar menos interesados) de donde no podíamos salir. Deberíamos haber tardado media hora (sin exagerar) en dar con la salida, después de subir y bajar cientos de escaleras y atravesar unos cuantos pasillos infinitos.
Aaaaah! La Libertad! Ahora sí, a nuestro crucero por el río. Y sí, después de todo soy una turista más, y como tal, hago cruceros por el río. La mejor excusa para sacar unas cuantas fotos jugando con las luces de botes y edificios, y su reflejo en el agua. Llegada la noche, el clima es mucho más agradable y un paseo romántico en bote siguiendo el movimiento de la ciudad un viernes a la noche, no se hace todos los días después de todo.
El centenar de restaurantes al costado del canal con sus lucecitas rojas, toda la gente (en especial, jóvenes) que se sientan en grupos o en pareja en las escalinatas al agua, los que hacen el salto y la vuelta 360° en esta burbuja que los tira por el aire, y nosotros que hacemos un paseo en bote y caminamos por la costa, hacemos una noche bastante ruidosa y llena de luces de colores en Singapur.

Negrita hija de mi corazón, tus relatos son geniales, os una gran escritora, muy tuyo, simple y directo pero al mismo tiempo poetico.
ResponderEliminarEs como estar viendo lo que contas, y sintiendo tus emosiones y estado de animo, sos genial.Solo le pondria azuquita, diciendo fechas y lugares, me confundo un poco que viene primero y donde es cada cosa. Los nativos de Malasia son Malayos.
Aca va otro comentario chicos. Me encanta encanta compartir este viaje. Ademas me estan llevando a lugares donde nunca estuve!! Me encanta. Hicieron un monton de cosas y entre las fotos y los relatos, la verdad que tengo el 'feeling' absolutamente de las experiencias! Abrazos.
ResponderEliminarLindisimo relato, me sentí un poco ahi caminando por la costa rodeada de lucesitas de colores
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